No existe unanimidad entre los historiadores sobre el origen del nombre de la isla o el de su calificativo. Está muy arraigada popularmente la teoría de que su nombre aborigen fuese Tamerán, Tamarán o Tamarant, traducido a veces como tierra de las palmas o más frecuentemente como país de valientes. Sin embargo, el origen prehispánico de dicho topónimo ha sido puesto en cuestión, ya que el nombre Tamarán aparece por primera vez en el siglo XIX, no constatándose su presencia en ninguna fuente clásica ni de la época de la Conquista, especulándose con la posibilidad de que Canaria sea la versión latinizada del verdadero nombre aborigen de la isla o de la etnia que la habitaba. Por otra parte, estudios filológicos recientes sugieren que el nombre Tamerán puede tener cierta autenticidad histórica

miércoles, 7 de mayo de 2014

SANTA BRIGIDA - EL LADERON

EL LADERÓN



Topónimo que encontramos en muchos municipios de la isla, en ocasiones en singular y otras en plural, en Agaete, Agüimes, Aldea de San Nicolás, Artenara, Mogán, San Bartolomé de T., Santa Brígida, Santa Lucía de T., Telde, Tejeda, Valsequillo y la Vega de San Mateo, y posiblemente alguno más que se nos ha escapado. 

Los Laderones - Mogán
Recoge el DRAE una tercera acepción para el término de "Ladera" con el significado de «Declive de un monte o de una altura».

En la toponimia de la isla encontramos el término con el sufijo aumentativo, que no tiene un sentido despectivo o peyorativo, pues sólo pretende así describir la gran accidentalidad del relieve insular, el mayor atributo de su orografía, y ello aún a pesar de que el léxico canario no es proclive a la utilización del aumentativo; muy al contrario, es mucho más frecuente la utilización del diminutivo. 

 
Panorámica de Los Laderones de Mogán

«De la misma manera que la "ausencia" de *Barrancones, *Rocones y *Morrones, no significa que en el suelo de la isla deje de haber profundísimos barrancos, grandes lomos, altísimos roques y enormes morros.

Desde este punto de vista, la sobreabundancia de diminutivos y, a la vez, la pobreza de aumentativos debe considerarse sólo como una característica lingüística de la toponimia de Gran Canaria (y de las hablas canarias en general), no como espejo del relieve de la isla, que es, justamente, al contrario: desmesurada en alturas y depresiones, en sequeros y valles, en malpaíses y fertilísimas tierras, "continente en miniatura", al fin. (TRAPERO, M.: "La morfología derivativa como procedimiento de creación léxica...", Instituto de Estudios Canarios, 2000).
Los Laderones de la Aldea (Marel Koszorek)


Abunda la fuente indicada  en la frecuencia de su uso, relativizando su uso: «En este apartado la toponimia de Canarias ha explotado las posibilidades que brinda el sistema de la lengua muy por encima de la "norma" del español general, incluso de la "norma" del español hablado en Canarias.

La toponimia, en este caso, ha echado mano de los recursos del sistema con el propósito básico de "denominar" bien, o sea de cumplir justamente su función referencial. 

Para ello toma muchas veces soluciones léxicas inéditas en el lenguaje común. (...) En comparación a los diminutivos, los topónimos con forma aumentativa son realmente pocos en la toponimia de Canarias. (...) En resumen, en la toponimia de Gran Canaria, son 531 los términos que aparecen sufijados con algún tipo de aumentativos, lo que representa el 6% del total de términos no primitivos, frente al 92% que suponían los sufijos».

Esa intensidad descriptiva del léxico grancanario la entendemos al contemplar algunos ejemplos de uso en singular como lo son los topónimos de El Laderón del Gusano, en Mogán, en la vertiente de poniente del Alto de las Tederas del Pinar de Ojeda, junto a Los AzuleJos;  o los dos casos de la Vega de San Mateo, en la vertiente naciente de Risco Prieto, o en la septentrional del Lomo Mariano en la Hoya del Gamonal.


De los más significativos de su uso en plural encontramos con toda su grandeza Los Laderones de la Aldea de San Nicolás, en la vertiente de poniente de la Montaña de Los Hornos; en Mogán, en la vertiente de poniente del Alto de los Revolcaderos y el Alto del Mojón, ambos en los elevados Llanos del Guirre, donde se encuentran también los pastoriles Andén y Paso de Los Laderones camino de la Hoya del mismo nombre, y más al norte en la vertiente naciente de los repetidos llanos, otro topónimo de Los Laderones, cerca de los Caideros de Tauro; y en San Bartolomé de Tirajana están los Laderones de los Pinos en la vertiente naciente del Alto de los Tabuquillos, entre el Caidero Fastidioso  y el Caidero de Gaveta

El Andén de Los Laderores en Mogán

Pero no se agota con ellos la riqueza de este topónimo que encontramos también anexado a otros cuerpos toponímicos que dicen de la morfología del territorio como Laderones Cambados, Cumplido, del Paso Alto, del Risco Partido, de la Umbría o mixto asociado a alguna especie como de la Hoya del Ñame, o simplemente unido sólo a ella como de los Acebuches o del Tomillo; o con el nexo de algún antropónimo como de Cho Agustín, de Maximiano, o de sus oficios como del Cura, o de sus aprovechamientos como de la Mina, de la Mina Vieja, de la Gambuesa, etc.


El aumentativo del léxico canario dado al término "ladera" pretende identificar la grandiosidad de su tamaño, posiblemente de los accidentes más característicos del resultado de la erosión sufrida por la parte geológicamente más vieja de la isla, como acreditan las buenas fotografías que ilustran esta entrada. 

MOYA



MOYA




Topónimo con el que se conoce un amplio territorio rural situado al sur del caserío de Fontanales y al norte de la Caldera de los Pinos, que abarca un pequeño Valle y varias hoyas, así como las vertientes de los lomos que aportan sus aguas de lluvias al cauce del barranco del Valle

Su acceso al interior del mismo se realiza desde populoso barrio, en el inicio de la carretera de Fontanales-Pinos de Gáldar (GC-070), por el conocido Camino Aguas de Fontanales, antiguo camino real que conducía hasta el Montañón Negro, donde se desdoblaba en dirección a Artenara y Tejeda. En dicho territorio se han realizado en los últimos años repoblaciones de especímenes de laurisilva, entre los que figuran laureles, fayas, madroños, acebiños, viñátigos y mocanes.
Vista (eluiscabrera)

Se trata de un topónimo surgido en la frontera de los siglos XIX-XX, popularizado a partir de la adquisición de la finca por la Heredad de Aguas de Moya, que venía a sustituir el antiguo topónimo  de Los Jinjos, según aparece documentado desde los primeros repartimientos, con el que se conocía una gran extensión territorial dentro del espacio de la protegida Montaña de Doramas.


En cuanto al origen del topónimo, teniendo en cuenta que es muy tardío en los orígenes de la Lengua Castellana el uso de la consonante "jota" formando sílaba con la tercera vocal "i", comprobamos que el Diccionario de la Lengua Castellana (Madrid, 1780), incluye la entrada del término "Ginjol", con el significado de «Lo mismo que Azufayfa y Azufayfo». De Azufayfa dice el mismo diccionario que es «Fruta semejante á la cereza, de carne blanca, de sabor agrio y color roxo cuando esta madura», y del Azufayfo que es el «Árbol que produce las azufayfas», de donde tanto el árbol como la fruta recibían el nombre de "Ginjol".
Jinjolero (Julio Pedauyé Ruiz)

Estos distintos nombres comunes de Azufaifo común, Azofaifo, Jinjolero, Azufaifo loto, Ginjol, Ginjolera, Guijol, y también Loto comestible, Rosa de la Virgen, Arto, Arto blanco y Espina de Cristo, se conocen científicamente los Ziziphus unas cuarenta especies de arbustos espinosos, y entre estos el Ziziphus Mauritania, conocido en Andalucía como Jinjolero africano.
 
El fruto (hierbas2000-com)

Se trata de un arbusto que puede alcanzar entre 2 y 3 metros de altura, caducifolio muy intrincado y espinoso, de porte semiesférico, con tallos en zig-zag, de corteza lisa de color ceniza, con hojas simples, alternas, ovaladas, brillantes, lampiñas y caedizas.

De flores amarillas diminutas, en forma de estrella, de las que nace el fruto en forma de drupa, parecido a la oliva, verde que al madurar se vuelve rojo oscuro, de carne dulce y algo ácida, de color amarillento y piel áspera y brillante, con una semilla o hueso, leñosa, con surcos longitudinales. Con los jínjoles desecados se elabora un licor casero, parecido al "pacharán" realizado con endrinas, por la maceración de los jinjoles en anís dulce.
 

Jinjoles (Julio Pedauyé Ruiz)
El antiguo topónimo aparece documentado en la petición de data realizada el 15 de junio de 1551 por el regidor y licenciado Francisco Perez de Espinosa cuando solicita «nos hagan merçed de çiento çinquenta hanegadas de tierras en las hoyas de los jingos arriba de la montaña de Doramas desde la cabeçada de un mogote y lomo rredondo de una vanda y de otra aguas vertientes hasta el barranco do sale el agua del Laureal y por otro lado hasta dar al barranco y rraya de la montaña de Doramas las quales tierras son helechales e granadillares...» (RONQUILLO, M. Y AZNAR VALLEJO, E.: Repartimientos de Gran Canaria, Las Palmas de GC, 1998), data que es concedida después de haberse leído en la puerta de la iglesia de Guía y de desestimar varias contradicciones que se realizaron por otros interesados. 
 
Casa tradicional en ruina (Ismael Marrero Pérez)

Una mayor descripción del territorio nos la encontramos dentro del gran patrimonio del aruquense Juan Mateo Trujillo, fundador de la ermita de San Bartolomé de Fontanales:


Extensión del Cortijo de Los Jinjos

(Espacios Naturales de Gran Canaria)

« Y en Fontanales, cuatrocientas fanegas de tierras labradías formando un solo cuerpo, compradas, respectivamente, en 1619 al capitán Sebastián de Saavedra, en 1620 y 1622 a su padre Salvador Mateo de Armas, en 1623 a García de Espinosa y a su esposa Francisca de Armas, en 1624 a su tío Diego Mateo y en 1636 a Andrés Hernández, vecino de Moya» (CABALLERO MUJICA, F.: "Aspectos de la vida religiosa en Fontanales", Anuario de Estudios Atlánticos, nº 26, 1980). 


De la obra citada se extrae además una muy rica información del lugar. De las cuatrocientas fanegadas que formaban el llamado "Cortijo de los Jinjos", doscientas fueron donadas al patrimonio de su hijo el presbítero Juan Mateo de Castro el 17 de enero de 1645 y sus  lindes eran:

«Por la parte de arriba la Montaña de las Arenas de la cumbre, por la parte de abajo la raya de la Montaña de Oramas que solía ser y por un lado tierras que fueron del capitán Miguel de Múxica, Alférez Maior que fue de esta isla, que al presente posee Francisco Rivero, y por la otra parte el lomo abajo desde la Caldera de los Pinos a dar sobre la Atalaya y por su seguimiento el lomo abajo hasta dar a las Masmorrillas de el monte».
 

Las otras doscientas fanegadas permanecieron en el patrimonio del padre Juan Mateo Trujillo y sus lindes eran: «Cortijo de los Jinjos, lindando por una parte con tierras de lizenciado Juan Mateo de Castro, mi hijo, cura del lugar de Moya, y por otras tierras del lcdo. Bernabé de Palenzuela y de Andrés Hernández, vecino de Moya, arriba la gambuesa que dicen de Agua de Fontanales, hasta llegar al Montañón Prieto de la Arena, y por la parte de arriba Las Arenas y Caldera de los Pinos y el lomo abajo de la Caldera a dar donde dicen la Atalaya que viene a juntar este lindero con las tierras del dicho Lcdo. Juan Mateo de Castro y por la parte de abajo un lomito que sale de la fuente de la Yedra a dar con tierras del dicho Lcdo. Juan Mateo de Castro, con una cueva que está en tierras del dicho Lcdo. Palenzuela que dicen Cueva del Guanche sobre la fuente de los Jinjos».
Panorámica (Google earth)

Las antiguas referencias a las "Arenas" son el picón volcánico que conforman el complejo del Montañón Negro, hasta donde llegaba el cortijo en dirección sur ascendiendo hacia la Cumbre, y hacia abajo en dirección norte le pertenecía el conocido como Lomo de la Cruz, dado que las casas de habitación del cortijo las tenía junto a la vieja ermita que construyó, en el centro histórico de Fontanales, según se desprende de sus descripciones:


Espadaña de la ermita (hachePH)
«Sien fanegadas de tierras labradías poco más o menos que tengo y poseo donde disen los Jinjos, término de Fontanales, con dos casas bajas terreras y dos gañanías y una ermita de la abogación de san Bartolomé, dos pomeras de árboles pequeñas que el uno está junto a las dichas casas y el otro junto a la dicha ermita y rededor de ella». La expresión "pomeras" es una voz derivada de "pomar"  que tenía el significado de «El sitio, lugar, ó huerta donde hay árboles frutales, especialmente manzanos» (Diccionario de la Lengua Castellana, Madrid, 1783), significado que sigue inalterable en la actualidad.


En la primera mitad del siglo XVIII las dos propiedades que conformaron el gran cortijo se subdividieron al instituirse distintos vínculos patrimoniales que correspondían a los mencionados padre e hijo, así como hermana y hermanastros de este último: Anastasia de Troya y Castro, Isabel de Quintana y el canónigo Manuel Alvarez de Godoy; quienes nombraron sucesores a hijos y sobrinos que llevaron a la división de la propiedad en distintos cortijos, ocupando el territorio más elevado el llamado Cortijo de la Fuente Fría al sur del Montañón Negro. No obstante la división del patrimonio, gran parte del mismo se concentró por testamentarías en el alcalde de Arucas Francisco Hidalgo de Quintana, hijo del Alférez Esteban González Hidalgo y de Isabel de Quintana, quien recibió todos los bienes en Fontanales de los hermanos de padre Juan Mateo de Castro y Manuel Alvarez de Godoy.


A finales del siglo XVIII, la descripción extensa que nos aporta el entonces propietario del cortijo el presbítero Juan Mateo Hidalgo de Quintana para el sostenimiento de la ermita con una pensión, nos acerca a la interesante evolución toponímica que se produce en el entorno, perdiéndose el topónimo de Los Jinjos para el cortijo:
Casas tradicionales en el Camino Aguas de Fontanales (eluiscabrera)

« ... el rédito de la parte del Cortijo de las Casas en el citado pago (...) donde dicen la Cuevecilla de Dos Puertas, en que entra la Solana de Cazadores (...) la partición que se aprobó con su deslinde y amojonamiento, en escritura otorgada ante el supradicho escribano Don José Cabrera Bethencourt que, según ella, confirma por primer lindero por la parte de arriba la Caldera de los Pinos, por abajo la Degollada del Perulero, línea recta por las veredas que van a dar al Lomito del Perulero, este abajo hasta dar con la barranquera del Valle del Lomo del Negro, donde se halla una peña al fenecimiento de él con una cruz bien señalada, y de dicha peña y barranquera del expresado Valle, línea recta arriba, que va a dar al último majadal de las tierras mencionadas de Cuevecillas de Dos Puertas que va derecho por la Hoyeta de los Cardos a una peña que está en dicho majadal, que es el lindero de un lado, y por el otro, comienzo del camino que viene de Artenara a Agua Fontanal de la Degollada de las Majadillas, lomo abajo, que linda con el Cortijo de Pavón a dar a la Atalaya con tierras de José Rodríguez Moreno, y siempre continuando el dicho lomo abajo hasta el pico de dicha Atalaya, y de aquí al pie del risco de ella lomo abajo a dar al segundo lindero, que es la degollada del Perulero, en cuya parte y número entran las Cuevecillas mencionadas ...».
 
Alpendre-cueva en La Atalaya (Fedac)

Probablemente se diera alguna  fragmentación de la gran propiedad como consecuencia de la obligada extinción de los vínculos por las leyes de Desamortización a mitad del siglo XIX, de la que no hemos podido obtener información.


Ya a finales del siglo XIX y principios del XX, parte de este territorio es adquirido por Juan "el indiano", renombrado como «el Adán de las medianías» que «allá por 1827, un frío 24 de marzo nace Juan Antonio Castellano Yánez (o Yánes). Se decía de él que era un hombre generoso y bien parecido, aunque también se decía que era un juerguista y mujeriego (...).

En su época de soltero, viajaba a la Perla del Caribe (Cuba), donde tuvo su primer matrimonio con la fontanalense Rita Castellano García. En esas tierras caribeñas trabajó duro y amasó una importante fortuna; aunque la leyenda cuenta que en las costas cubanas, mientras trabajaba, encontró un cofre con tesoros escondidos allí por los bucaneros de la época.
Antiguo Camino Real (gc-hans)

Después regresó a Gran Canaria, aunque volvía para atender sus negocios cubanos que tiempo después legó a algunos de sus hijos. Montado en su caballo recorrió las medianías y fue comprando tierras a diestro y siniestro haciendo alarde de su fortuna. Haciéndose dueño y señor de buena parte de Moya.

Sus dominios se extendían desde el Pozo de Guillermo Suárez, en el Barranco del Laurel, Lomo la Cruz, hoy finca de la Heredad de Moya, Caldera de los Pinos, Piletas, Aguas de Fontanales, Lomo del Marco, Casa Encarnada, Cuevas de Arriba y de Abajo, fincas en La Montaña, Moya, y la preciosa casa rodeada de un viejo pinar en Santa Cristina, Sta. Mª de Guía, bien conocida por los habitantes medianeros. Las Cuevas de Fontanales, así como otras parcelas, las cedió a personas que no tenían hogar (redundar sería que este vigoroso hombre con fama de mujeriego, satisfacía sus deseos carnales con las muchachas de estas familias)..» (BALBUENA CASTELLANO J.M.: El indiano Juan Castellano. Patriarca de las medianías, 2005. Citado por AYTO. DE MOYA: Guía del patrimonio natural y cultural de la Villa de Moya, ed. digital, 2012).

Del antiguo topónimo "Perulero", en la actualidad "Pirolero", nos aporta el DRAE su significado «Vasija de barro, angosta de suelo, ancha de barriga y estrecha de boca», diseño que nos aproxima a la cerámica de factura aborigen, de donde sería un vestigio de la presencia de la cultura prehistórica en el lugar con sus vinculaciones a la antes mencionada documentalmente «Cueva del Guanche sobre la fuente de los Jinjos».



Pozo de la Horcajada (larrycardenes)


En el texto que a modo de romancero le dedicara su biznieto Norberto Francisco Castellano Rodríguez en la obra citada, afluyen topónimos que perduran en este lugar: «Que era un terrateniente desde El Cano al Brezal y Lomo de La Cruz Arriba, lindando con Las Cañadas, pasando por Horcajadas, el Nogalillo y Los Charcos; propiedades conocidas todas ellas adquiridas por el Indiano de alegre vida».


Juan el Indiano falleció el 18 de marzo de 1904, después que le robaran y dispararan a un hijo suyo que impidió pagar una hipoteca bancaria, que ante el impago procedió a embargarle alguna de sus fincas, que era la que conforma actualmente la Heredad de Moya.

lunes, 5 de mayo de 2014

Futuro complejo polideportivo de Telde (Gran Canaria)

Futuro complejo polideportivo de Telde (Gran Canaria)


LAS ISLAS CANARIAS A TRAVES DE LA CARTOGRAFIA DE JUAN TOUS MELIÁ


La Casa de Colón acoge esta tarde, a las 20 horas, la presentación del libro 'Las Islas Canarias a través de la Cartografía', de Juan Tous Meliá. La obra constituye un gran atlas histórico, con una selección de los mapas más emblemáticos de las islas, que será un referente y herramienta fundamental para el estudio de la historia del Archipiélago


sábado, 3 de mayo de 2014

LOS PERROS DE LA PLAZA DE SANTA ANA Y SUS HERMANOS GEMELOS DE LA IGLESIA DE SAINT GEORGE(LONDRES)

LOS PERROS DE LA PLAZA DE SANTA ANA
 
La plaza de Santa Ana se encuentra situada frente a la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, en al barrio de Vegueta y en uno de los enclaves históricos de la ciudad.

La historia de dichos perros se remonta a 1885, donde el alcalde Felipe Massieu y Falcón, compró a una empresa anglosajona los perros de bronce para decorarla
Como anécdota, Victor doreste, publicó más tarde un cuento titulado Faycán. En él cuenta la historia de la conquista de Gran Canaria basándose en estos perros como los protagonistas de su historia y bautizándolos como: Aterura, Dogano, Doramas, Tindaya, Bentayga, Tenoya, Tirajazo y el gran Faycán, el cual perdió parte de una oreja en un glorioso comabate.
 
 
Los "hermanos gemelos" de los perros, a la entrada de la iglesia de Saint George, en Londres
 
Símbolo unívoco de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y, por extensión, de la isla de Gran Canaria, este grupo escultórico de seis perros parecería intencionadamente concebido, creado y ubicado en la plaza mayor de la ciudad de Las Palmas como recordatorio y justificación de uno de los orígenes etimológicos más probables de “Canarias”: la tierra de los canes, la tierra de los perros.
Sin embargo, el origen de estas esculturas de hierro fundido y las circunstancias en las que llegaron a Gran Canaria no están del todo claras.
Lo único cierto es que se colocaron en torno a 1895 bajo el mandato del alcalde Felipe Massieu Matos, y que inicialmente esta iniciativa de decoración urbana no fue del gusto de todos: las críticas, al menos durante los primeros años, fueron abundantes en la prensa local, que no veían como demasiado digna la colocación de perros en las mismísimas narices de Santa Ana, patrona de la ciudad, refugiada de tanto ruido mediático y popular en su Catedral.
Pero como a todo se acostumbra el ser humano, poco a poco estos canes no sólo fueron aceptados plenamente por la población de la ciudad, sino queridos y apreciados como uno de sus grandes símbolos.
Pero, ¿de dónde proceden? ¿Cómo llegaron? Respecto a esto, tampoco hay unanimidad en las informaciones. Algunas fuentes indican que son obra del escultor francés Alfred Jacquemar; otras dicen que el escultor fue en realidad el inglés Adrián Jones. A esclarecer esta duda no contribuye el hecho de que la firma que figura en la base de los perros sea, simplemete, “A. J.”
Lo que sí parece indiscutible es que fueron fundidos en el taller “Barbezat et Cie” de la localidad parisina de Val D´Osne, según las inscripciones que también figuran en cuatro de sus pedestales.
Respecto a su llegada y colocación, hay dos teorías básicas: La primera, más romántica, asegura que Felipe Massieu los recibió como muestra de gratitud del capitán de un buque francés que, camino de Sudáfrica, tuvo problemas y debió recalar por aquí durante una larga estancia, en la que él y su tripulación fueron muy bien acogidos y atendidos por la población y sus autoridades, algo fundamental en aquellos tiempos en que el Puerto de La Luz comenzaba a emerger en aguas de Las Isletas.
Otra historia cuenta que fueron donados a la ciudad por James Miller (conocido también como Diego Miller), que fue uno de los tres hijos del comerciante británico asentado en Las Palmas desde 1824 Thomas Miller que sobrevivieron a la epidemia de cólera de 1851.
Los "hermanos gemelos" de los perros, a la entrada de la iglesia de Saint George, en Londres, a finales de la década de 1960. Fuente: www.thetimes.co.uk
De todo lo antedicho, hay un elemento que inclina más la balanza hacia la hipótesis británica y que -sin ánimo alguno de “menospreciar” a nuestros queridos perros-, apunta a que no fueron moldeados en exclusividad para la ciudad: Existían dos perros exactamente iguales en las puertas de la iglesia de Saint George en la londinense Hannover Square hasta la década de 1980, en que fueron retirados y que al parecer se encuentran actualmente decorando los jardines del hospital veterinario Queen Mother de Hatfiled… Aunque también cabe la posibilidad de que fueran creados para Las Palmas y sus moldes replicados en algún momento para decorar la entrada de la iglesia londinense.
Cabe decir que en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas no existe referencia documental alguna sobre nuestros perros, lo que no hace sino aumentar el halo de misterio que los rodea.
Puede que nunca lo sepamos, pero sea como sea, bien por casualidad o por intencionalidad, estos canes siempre seguirán siendo uno de los símbolos de Gran Canaria.